Cuando la tecnología reemplaza a las personas.
Los que nos dedicamos a laborar en algún área de la tecnología, coadyuvamos a que muchas personas pierdan sus empleos en pro de la mejora continua, la eficiencia y la automatización de procesos en las organizaciones.
Cuando yo estudiaba en la universidad, recuerdo una de las primeras conferencias por parte de un ingeniero, responsable de la instalación de una nueva empresa en el corredor industrial cercano, nos presentó la avanzada tecnología de esa nueva planta y de los millones de dólares en producción que significaría la misma una vez puesta en marcha. Al final, cuando habló de los empleos generados por esa moderna fábrica, nos quedamos todos sorprendidos: un director, un empleado de mantenimiento y un guardia, tres empleos permanentes en total.
Ya dedicándome al desarrollo de software recuerdo concurrentemente la justificación de mis clientes a muchos de los sistemas de los que he sido partícipe: “Este sistema nos ayudará a evitar la captura y revisión de los documentos, nos ahorraremos el sueldo de 20 operadores”, “Con esta aplicación ya no será necesario contar con los ejecutivos de cuenta, los clientes tendrán auto servicio” y algunos otros similares, alguna vez uno de ellos agregó: “¿Qué se siente hacer que la gente pierda sus empleos?”
La historia del ser humano es la misma, siempre hemos buscado en todas las áreas de producción hacer más con menos, es lo lógico, es nuestro indicador de progreso. Sin embargo, esto debería estar más equilibrado en beneficio de las personas.
Pienso que hace falta más sentido humano en las empresas, que en lugar de solo pensar en el despido de personas ante la modernización y actualización tecnológica, deberíamos pensar también en el crecimiento personal, el objetivo de las mejoras en una organización debiera ser también la mejora en su gente. Con ayuda de la tecnología, los empleados pueden tener más tiempo libre, podrían destinar más tiempo a cosas que actualmente muchas empresas les tienen privadas: Cuidado de su salud, capacitarse en nuevas áreas, participar en proyectos de innovación donde la empresa y el empleado se beneficien, dedicar más tiempo para su familia, etc.
Lamentablemente, muchos empresarios tradicionales están acostumbrados a ver en el empleado, no a un ser humano, sino a un elemento más de fabricación, cual si fuera una máquina que si tiene una cierta capacidad de producción y a la cual se le agrega un motor o procesador más potente entonces deberá generar el equivalente en producción y utilidades.
La tecnología debe permitirnos hacer con mayor facilidad nuestro trabajo y disfrutar más de nuestra vida, dedicar más tiempo al cuidado de nosotros y crecer profesionalmente actualizando nuestros conocimientos.
La competitividad que estamos buscando en muchos países, dudo que venga de la mano de trabajadores cansados y sobre explotados como en China, quien desee eso que levante la mano.
Google es el ejemplo, la mejor empresa para trabajar en el mundo, no solo en sus modelos de negocio, sino en lo laboral rompe con lo tradicional, dando una serie de beneficios a sus empleados a que serian inconcebibles para cualquier empresario que conocemos, y para fortuna, no es la única, más de 100 empresas en el mundo desde pequeñas hasta grandes siguen esos pasos.
También como empleado de estas empresas tradicionales, debemos participar en la generación de cambios, pues no hay nada peor que el trabajador cómodamente resignado a sus tareas y su posición de “seguridad” que se olvida de la actualización personal y se acostumbra a los cánones establecidos aún cuando se encuentren insatisfechos ante ellos.
Ojalá no tuviera que ser así, pero al parecer, solo hasta que los actuales directores y dueños de las empresas se retiren y dejen de influir en sus organizaciones, una nueva generación de líderes seguirán los pasos de Google y de las empresas de vanguardia que están naciendo en el mundo.
En fin, la tecnología debería ayudarnos a vivir mejor, no a perder nuestros empleos.
Ojalá que no todo apunte a la empresa que utiliza solo a tres personas para operar, como aquella que conocí hace ya algunos años.
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